Autor: Axel Rojas

  • La salud pública como camino hacia la salud universal

    La cobertura universal de salud se ha incluido en los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por las Naciones Unidas. Al respecto opinó Enrique Pérez Gutiérrez, representante en Argentina de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).

    El desafío global impuesto por la pandemia de Covid 19 durante este año, requiere una nueva forma de ver la salud para realmente valorarla como derecho humano fundamental. La experiencia sin precedentes que vive el mundo entero la convierte también en una prioridad que debe comprometer a todos los sectores, en todo momento, y no solo en este tiempo tan crítico.

    Ante esta situación particular, el Día de la Salud Universal 2020 que se festejó el pasado 12 de Diciembre constituye una nueva oportunidad para seguir enfatizando sobre la importancia de asegurar que todas las personas, en todas partes, tengan acceso a servicios de salud de calidad, cuando y donde lo necesiten, sin exponerlos a dificultades económicas y con intervenciones que les permitan tener una vida sana para su desarrollo y bienestar humano.

    Para lograrlo, hoy más que nunca es fundamental sostener el compromiso con la salud pública de calidad. Por tal motivo, la Organización Panamericana de la Salud/ Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) ha estado trabajando junto a los países miembros en actualizar y adecuar las funciones esenciales de salud pública (FESP) a las nuevas demandas de este tiempo. Dichas funciones son un conjunto de acciones y capacidades destinadas a proteger y mejorar la salud de toda la población. Surgieron del consenso de los países de la región de las Américas en el año 2000, a partir de una iniciativa que los convocó en torno a la construcción de un concepto común de salud pública, sus funciones básicas y un método para evaluarlas y fortalecerlas. Con posterioridad muchos países actualizaron las mediciones a nivel nacional o territorial, incluyendo a la Argentina entre ellos.

    Estas estrategias han tenido gran relevancia frente a las reformas sectoriales que, hacia fines del siglo veinte, redujeron el rol rector en salud de los estados. Dichos procesos de transformación se caracterizaron por limitarse a la expansión de mecanismos de aseguramiento y financiamiento de los servicios de salud, consecuentemente, debilitando las funciones de salud pública.

    En estos últimos 20 años las funciones esenciales de salud pública han sido un componente fundamental de la agenda regional para apoyar el fortalecimiento de la capacidad de los estados en tres áreas: la mejora de la práctica de la salud pública con foco en la atención primaria; el desarrollo de las capacidades en infraestructura en salud pública, y; el fortalecimiento del rol rector de la autoridad sanitaria nacional.

    Después de dos décadas de esta línea de trabajo, nuevas condiciones económicas, sociales, políticas y epidemiológicas justifican la necesidad de actualizar algunas dimensiones conceptuales del abordaje de las FESP, como así también su aplicación metodológica y práctica. Todo este esfuerzo regional se está plasmando en una serie de lineamientos que recuperan, reconceptualizan y fortalecen su implementación, considerando las nuevas condiciones de salud de la población y sus determinantes sociales.

    Reforzar y renovar estas funciones esenciales de salud pública de cara a los nuevos desafíos es una forma de avanzar hacia el fortalecimiento de los sistemas de salud que propicien el acceso universal, oportuno y efectivo de la población. Porque hoy, más que nunca, se nos impone proteger la salud de todas las personas sin ningún tipo de distinción. Solo así será posible un futuro más seguro, solidario, saludable y accesible.

  • La dieta mediterránea 2.0, mejor más ‘verde’

    A estas alturas casi nadie discute las bondades de la dieta mediterránea, rica en alimentos de origen vegetal: su consumo está relacionado con un menor riesgo de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular y diabetes. Actualmente constituye la columna vertebral de las pautas dietéticas para evitar la enfermedad coronaria.

    Se cree que su impacto está relacionado con una mayor ingesta dietética de polifenoles, grasas y fibra ‘saludables’ y un menor consumo de proteínas animales.

    Sin embargo, ¿qué pasa si se optimiza la dieta mediterránea y se hace más ecológica, más rica en alimentos de vegetales e incluso más baja en la ingesta de carne roja?

    Investigadores de la Universidad Ben-Gurion (Israel), han estudiado esta ‘superdieta mediterránea’ en 294 personas sedentarias y moderadamente obesas (IMC de 31) con una edad media de 51 años.

    Los resultados mostraron que aquellos que siguieron ambos tipos de dieta mediterránea (Mediterránea y “Med-Verde”) perdieron más peso: dieta ‘Med verde’ 6,2 kg; Mediterránea 5,4 kg.

    La circunferencia de la cintura, se redujo en un promedio de 8,6 cm entre los que seguían la dieta ‘Med verde’, en comparación con los 6,8 cm entre los que seguían la dieta mediterránea.

    Además el grupo ‘verde’ logró mayores caídas en el colesterol de baja densidad ‘malo’. Y lo mismo se apreció con otros factores de riesgo cardiovascular y metabólico: presión arterial diastólica, la resistencia a la insulina y un marcador importante de inflamación, la proteína C reactiva.

    Los investigadores advierten que su muestra incluyó solo 35 mujeres.

  • Cáncer de pulmón: ¿por qué disminuye la mortalidad en Argentina?

    El Dr. Sergio Benitez, coordinador de la sección Oncología de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria y subdirector del departamento de ocología, Asociación Latinoamericana del Tórax informó sobre la importancia de crear conciencia e informar a la sociedad sobre la importancia de la prevención, en especial del peligro asociado al consumo de tabaco, aunque no sólo afecta a fumadores de edad avanzada sino también hay incidencia en los jóvenes y a los no fumadores.

    El cáncer de pulmón es la primera causa de muerte por cáncer en la población adulta en nuestro país. Si bien no es el más frecuente de los tumores, su elevada mortalidad y la falta de estrategias para su diagnóstico temprano lo convierten en una enfermedad no curable en la mayoría de los casos; solo el 20% de los casos se descubre en etapas tempranas con chances de tratamiento curativo. Sin embargo, la noticia a tener en cuenta es que esto pareciera estar cambiando.

    El cáncer de pulmón afecta principalmente a los fumadores, mayores de 50 años. Cualquier exposición a humo de tabaco de cualquier tipo aumenta el riesgo de cáncer de pulmón. A mayor exposición, mayor riesgo. También existe el cáncer de pulmón en no fumadores, pero no es frecuente.

    Si la presencia de tos es persistente más allá de las 8 semanas, la falta de aire, el dolor torácico que no cede, y la presencia de expectoración con sangre debe ser siempre motivo de consulta con el neumonólogo. En todos los casos cuando el diagnóstico es sospechado y sostenido por estudios debe realizarse una biopsia para confirmarlo.

    De acuerdo con datos del Instituto Nacional del Cáncer, en Argentina la mortalidad por cáncer de pulmón en varones ha disminuido en forma sostenida desde el año 1980. Este descenso fue estadísticamente significativo hasta 2011. En el último periodo, 2014-2017, esta disminución es menos marcada aunque continúa el descenso a un ritmo de -1.7% anual. En las mujeres, se produjo un descenso para el periodo 2015-2017 con una disminución promedio anual del 2,1%.

    Por eso el motivo más importante de la disminución de la mortalidad por esta enfermedad es que las argentinas y argentinos fumamos cada vez menos.

    En un futuro próximo las técnicas de detección precoz en cáncer de pulmón nos permitirán diagnosticar la enfermedad en fases cada vez más precoces con chances mayores de curación. Nuevas estrategias de tratamientos farmacológicos, nuevas estrategias quirúrgicas mínimamente invasivas, técnicas de resección no quirúrgica (todas éstas disponibles en nuestro país) reducen la mortalidad y el sufrimiento asociado a los tratamientos del cáncer.

    Por último, la conformación de grupos de trabajo interdisciplinarios en el manejo de esta enfermedad tiene un impacto indudable sobre la elección de la mejor estrategia de tratamiento, minimizando los riesgos para los pacientes.

    Por tal motivo el cáncer de pulmón, que era una enfermedad incurable con un pronóstico malo a corto plazo, parece estar virando a una enfermedad prevenible en función de la reducción del tabaquismo y controlable con largos plazos de sobrevida en grupos específicos de personas que la padecen. La mejor estrategia para no tener cáncer de pulmón es no exponerse al humo de tabaco. No permita que fumen en los lugares que frecuenta y no exponga a las personas a humo de tabaco si usted fuma.

  • El peligro de la cuentas fake sobre dietas

    La obesidad es una enfermedad crónica, se considera la epidemia del siglo XXI y existe una urgencia por combatirla. El aumento creciente del sobrepeso y la búsqueda constante de bajar rápido de peso y sin importar futuras consecuencias, potencia el incremento de cuentas de redes sociales que ofrecen soluciones mágicas.

    Sobre este peligro opinó para la Licenciada en Nutrición, Noel Argüello, especialista en sobrepeso y obesidad.

    La obesidad se asocia a múltiples complicaciones de salud como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial y cáncer, entre otras. Las causas de la obesidad o el sobrepeso son múltiples pero las dos principales son la ingesta de alimentos de alto contenido calórico y el poco gasto calórico a través de la actividad física.

    A nivel mundial mueren 2,8 millones de personas a causa de esta enfermedad. En nuestro país, las cifras están en constante crecimiento. Los últimos resultados de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) que se conocieron en 2019, en base a datos de 2018, dejan constancia del aumento de la epidemia de la obesidad en Argentina.

    Estas cifras indican que el 61,6% de la población tiene exceso de peso; esto significa que 6 de cada 10 personas tienen sobrepeso. Esto mismo se traduce en que el 36,2% tiene sobrepeso y un 25,4% obesidad. Lo mismo ocurre en los niños y adolescentes. Las estadísticas indican que 4 de cada 10 de ellos tienen sobrepeso u obesidad.

    Este aumento creciente del sobrepeso y al mismo tiempo la búsqueda constante de bajar rápido de peso y sin importar futuras consecuencias, no hace más que potenciar el incremento de cuentas de redes sociales que ofrecen soluciones mágicas. El peligro de esto es que esos usuarios, que crecen a pasos agigantados, son administrados por personas que no están capacitadas y carecen de una matrícula que avale el ejercicio de vender planes de alimentación.

    Estas cuentas prometen a las personas adelgazar de manera rápida y fácil, sometiéndose a un déficit calórico. Si observamos el perfil de cada uno, en su mayoría no cuentan con imágenes propias. Son posteos y recetas copiadas de profesionales. El riesgo de seguir estas cuentas fake es creer en falacias y mentiras alimentarias.

    Algunas de las ideas que instalan son: que el jugo de limón desintoxica o depura, la fruta por la noche y beber agua en la comida engordan, las dietas de jugos o caldos son las más eficaces o indican que tomar agua de limón en ayunas ayuda a eliminar grasa.

    Lo cierto es que son todas creencias erróneas. Es ahí en donde empiezan a surgir los mitos alimentarios. Seguir estas recomendaciones, muchas veces puede ser perjudicial para la salud por eso es importante consultar a un profesional de la salud, para que pueda tener control del paciente y lo ayude a encontrar una mejor calidad de vida.

    Como nutricionista me preocupa y ocupa la comunicación responsable. Estoy en contra de la demonización de los alimentos, suplementos y alimentos mágicos, batidos detox, retos para adelgazar, creencias falsas y dietas extremas.

    Los expertos en nutrición son los únicos profesionales capacitados para comunicar responsablemente, sin sesgos, información culturalmente adecuada, basada en evidencia científica y médicamente apropiada acerca de alimentos y su impacto sobre la salud.

    La zona de confort es aquella parte de tu vida con la que te encentras cómodo, seguro y en la que vivís la mayor parte del tiempo. Pensar y creer que cambiar es fácil, rápido y sencillo, como te lo venden la mayoría de las cuentas fake, auto engañarte a vos mismo, sin ningún cambio sostenible en el largo plazo.

    Por eso, te propongo salir de tu zona de confort y empezar a cambiar tus hábitos, dando pequeños pasos día a día y luego verás grandes resultados.

    Algunos tips para que empieces a cambiar desde hoy:

    * Transformá tu entorno. Hacelo más saludable y libre de tentaciones.

    * Come solo un plato, lo justo y necesario.

    * Cambia tu rutina, movete más de lo habitual.

    * Empezá a ser consciente en el acto de comer.

    * Cambia el chip. Deja de pensar que para perder peso tenés que matarte de hambre y renunciar al placer.

    * Elegí cambiar para siempre. Ahora es el mejor momento.

  • El ACV: cada minuto cuenta

    El Accidente Cerebrovascular (ACV), una patología que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) representa la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad entre los adultos a nivel global.

    El Dr. Maximo Zimerman, neurólogo y director médico de Centro CITES-INECO señaló “el accidente cerebrovascular (ACV) es una enfermedad catastrófica, en gran medida podemos evitar su aparición previniendo y controlando los factores de riesgo vasculares. Podemos mejorar los síntomas y disminuir su mortalidad si actuamos de manera rápida, oportuna y eficientemente. El ACV se recupera mediante un programa interdisciplinario, coordinado y estructurado de neurorrehabilitación”.

    El ACV se produce por una disminución brusca de flujo sanguíneo al cerebro. Esto se puede originar por una obstrucción de una de las arterias que llevan sangre al cerebro y ahí hablamos de ACV isquémico, o por una ruptura de un vaso con extravasación de sangre y ahí hablamos de ACV hemorrágico. El 80% de los ACV son isquémicos.

    El ACV es una emergencia y por lo tanto cada minuto que se pierde compromete el éxito del tratamiento. Este tratamiento únicamente puede implementarse en las primeras horas de ocurrido el ACV, mediante una medicación que permite disolver el trombo y/o mediante cateterismo.

    Actualmente y en el contexto de pandemia, existe “temor de contagio de Covid 19 ocasionando una significativa demora y disminución de las consultas de los pacientes en las guardias de los hospitales. Los pacientes consultan en la actualidad con cuadros evolucionados y con imposibilidad de brindarles un tratamiento oportuno” resalta el doctor.

    La World Stroke Organization demostró con una encuesta realizada en abril que estamos ante un fenómeno global y preocupante. Ya que se observo una disminución de aproximadamente un 40% de consultas de pacientes cursando un ACV agudo con respecto a igual periodo del año pasado.

    Sin dudas, la detección a tiempo y una pronta atención médica siguen siendo claves fundamentales para reducir de manera significativas secuelas neurológicas y la mortalidad por ACV.

    Existen tres signos principales del ACV que se observan a simple vista en el cuerpo; se debe prestar especial atención al habla, los brazos y en la sonrisa. Si la persona se expresa con dificultad o le cuesta articular su discurso, levanta ambos brazos hacia adelante y uno de ellos cae o sonríe de forma asimétrica, es fundamental llamar inmediatamente a una ambulancia.

    El ataque cerebrovascular se puede prevenir ya que el 80% de ellos están vinculados a factores de riesgo que pueden evitarse a través de conductas saludables. Entre ellos se destacan:

    • Presión arterial elevada

    • Diabetes

    • Sedentarismo

    • Obesidad

    • Arritmia cardiaca: Fibrilación auricular

    • Tabaquismo

    • Colesterol elevado

    • Dieta poco saludable

    • Uso de alcohol y drogas de abuso

    Una gran cantidad de pacientes consultan por las secuelas de un ACV que sufrieron hace años, con la convicción de que es demasiado tarde para observar una mejoría. Muchos refieren haber realizado rehabilitación pero que “hace años” no hacen nada, y temen haber llegado a una “meseta”. Sin embargo, un paciente con secuelas puede mejorar con un programa interdisciplinario y especialmente diseñado de neurorrehabilitación.

    La ciencia detrás de la neurorrehabilitación es la neuroplasticidad, y describe la facultad del sistema nervioso de cambiar su estructura y funcionamiento como reacción a las diversas situaciones y entrenamiento. Este potencial adaptativo permite al cerebro reponerse de lesiones adquiridas, como el caso del ACV, disminuyendo la discapacidad y las secuelas.

    Asimismo, es importante tener en cuenta que también los pacientes con secuelas subagudas y crónicas luego del ACV se vieron perjudicados por la pandemia. Estos pacientes se vieron comprometidos por la interrupción abrupta de los programas estructurados de rehabilitación neurológica. La tele-consulta y tele-rehabilitación instaurada por un equipo interdisciplinario es un elemento de utilidad que permitió en gran cantidad de nuestro pacientes continuar en contacto con el equipo tratante desde sus casas.

  • Patentan una método para diagnosticar esquizofrenia y bipolaridad con un análisis de sangre

    Una metodología desarrollada por investigadores brasileños podría permitir la elaboración de un análisis de sangre para el diagnóstico de dos enfermedades psiquiátricas con síntomas similares como la esquizofrenia y el trastorno bipolar.

    El nuevo método, desarrollado por investigadores de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) y de la Universidad de Campinas (Unicamp), es el primero que posee la capacidad de diferenciar entre ambos trastornos mediante el análisis de alteraciones bioquímicas y moleculares implicadas en las patologías.

    “Resulta complicado diferenciar entre dos enfermedades que comparten síntomas tan parecidos mediante el examen clínico. Con el análisis de laboratorio es posible detectar patrones en el suero sanguíneo, a los efectos de diferenciar casos de esquizofrenia y de bipolaridad de manera precisa, lo cual mejora el pronóstico de los pacientes”, dice Mirian Hayashi, docente del Departamento de Farmacología de la Escuela Paulista de Medicina (EPM-Unifesp) y coordinadora del estudio, apoyado por la FAPESP – Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo.

    Los investigadores afirman que la gran diferencia de este método reside en el análisis del patrón de metabolitos presentes en la sangreel conjunto de sustancias químicas resultantes de las reacciones del metabolismo– y no de un biomarcador específico como pueden constituirlo las proteínas, los genes u otras moléculas. Se estima que existen más de dos millones de metabolitos en el suero sanguíneo.

    Para la investigación también se estudio a usuarios de crack, pues dicha droga mimetiza el primero episodio psicótico de pacientes con esquizofrenia. “Si la persona no informa que es usuario de crack, puede confundírsela con un paciente con esquizofrenia que cursa su primero episodio psicótico. Sin embargo, en nuestro estudio, quizá porque se trata de un efecto molecular pasajero, no logramos diferenciar entre usuarios de esta droga e individuos sanos que no son usuarios”, afirma Hayashi.

    La diferenciación entre casos de trastorno bipolar y esquizofrenia es el resultado de la segunda etapa del proyecto de investigación, cuando ya se habían definido claramente los patrones de metabolitos. Para comprobar que es posible distinguir entre ambos trastornos mediante el empleo de técnicas de bioquímica, se analizaron muestras de suero sanguíneo de 182 individuos entre pacientes esquizofrénicos, bipolares y el grupo de control compuesto por personas sanas.

    “Nuestro objetivo consistió en encontrar distintos patrones de metabolitos y asociarlos a uno de los trastornos. Para ello pusimos las muestras de suero sanguíneo bajo el efecto de un campo magnético. Con el análisis mediante resonancia magnética nuclear de protones es posible detectar todas las variaciones (picos) de protones en una muestra. Como todas las moléculas poseen protones, es posible trazar un perfil de resonancia con las distintas composiciones existentes dentro de un fluido. Al analizar esas variaciones de protones entre diferentes individuos, es posible detectar patrones en las muestras de pacientes esquizofrénicos que difieren de los patrones de los bipolares o de personas sanas”, informa Hayashi.

    “Este estudio no solamente diferencia un estado con respecto al otro, sino que también aporta nueva información referente a los trastornos que se podrá estudiar en el futuro. Al fin y al cabo, si existe un patrón de alteración en los metabolitos, el mismo deriva de una vía específica para cada enfermedad que aún no conocemos”, dice João Victor Silva Nani, coautor del artículo.

    El descubrimiento de vías moleculares relacionadas con la esquizofrenia y el trastorno bipolar puede contribuir en el futuro para el desarrollo de nuevos tratamientos más eficientes.

    De acuerdo con Hayashi, la hipótesis más aceptada por la ciencia para los casos de esquizofrenia y bipolaridad está asociada al desequilibrio de la dopamina (un neurotransmisor del cerebro); tan es así que los principales antipsicóticos son moduladores de la dopamina.

    Mediante técnicas de bioinformática e inteligencia artificial, el equipo formado por investigadores brasileños y japoneses pretende detectar cuáles son las vías implicadas en esas afecciones. “Si bien se conocen los motivos genéticos de fondo que llevan a un individuo a ser esquizofrénico o bipolar, se trata de genes comunes en diversos trastornos mentales. Al identificar esas vías metabólicas exclusivas de cada enfermedad, será posible mejorar el tratamiento en el futuro”, dice. Pero los científicos reconocen también que son necesarios más estudios y trabajos aún como para que se pueda aplicar esto efectivamente en la clínica y realmente ayudar a esos pacientes.

  • Dislexia: cómo es esta dificultad que afecta al 10% de la población

    La dislexia es un trastorno de origen neurobiológico y hereditario para aprender a leer en forma fluida, exacta y automatizada, que trae grandes consecuencias emocionales si no es tratada y acompañada tanto en el ámbito familiar y escolar, como en la salud.

    Es un trastorno del aprendizaje de la lectura y la escritura, de carácter persistente y específico, que se da en niños que no presentan ningún hándicap físico, psíquico ni sociocultural y cuyo origen deriva de una alteración del neurodesarrollo.

    Actualmente la dislexia, que afecta al 10% de la población mundial, es mucho más que tener dificultades en la lectura y en la escritura, ya que provoca problemas de compresión, de memoria a corto plazo, de acceso al léxico, confusión entre la derecha y la izquierda, dificultades en las nociones espacio-temporales, entre otras. 

    Es importante tener en cuenta que no existen dos disléxicos idénticos y por tanto cada caso es único y no tiene por qué presentar la totalidad de los síntomas.

    El principal problema que tiene este trastorno es que no es compatible con nuestro sistema educativo, pues, dentro de este, todos los aprendizajes se realizan a través del código escrito, por lo cual el niño disléxico no puede asimilar ciertos contenidos de materias como Conocimiento del Medio, porque no es capaz de llegar a su significado a través de la lectura.

    Por eso la importancia de la existencia de la Ley 27306, que en nuestro país garantiza el derecho a la educación de niños, adolescentes y adultos con dislexia y otras dificultades específicas de aprendizaje (DEA).

    Disfam Argentina, la Asociación Argentina de Dislexia y Familia, promueve junto a otras Asociaciones del mundo y de la Argentina al mes de octubre como el mes de la concientización de dicha condición.

    Una detección y actuación precoz sobre esta condición es imprescindible para evitar el fracaso escolar, personal y social de las personas portadoras de la dificultad.

  • Científicos han descubierto un mecanismo por el que las células inmunitarias regulan la obesidad

    La obesidad es uno de los principales problemas de salud en el mundo. Solo en España se estima que en el 2030 habrá 27 millones de adultos, el 80 % de los hombres y el 55 % de las mujeres, con sobrepeso.

    José Antonio Enríquez, científico del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares resalta como la obesidad se ha convertido en una enfermedad en el momento en que ingerir alimentos dejó de ser una cuestión de supervivencia y se convirtió en una costumbre. Los humanos realizan hasta tres comidas diarias. “La población general hoy gana peso básicamente porque rompe con aquello para lo que está programada, que no es otra cosa que comer en mayor cantidad de lo que puede quemar”, apunta el investigador que acaba de publicar en la revista Nature Metabolism un importante artículo que describe el mecanismo que utilizan unas células llamadas macrófagos para regular la obesidad. 

    “Estamos empezando a entender cómo el organismo sabe que existe exceso. Lo que hemos visto es que los macrófagos participan en el almacenamiento. Son células del sistema inmunitario que están por todo el cuerpo y que tienen una capacidad asombrosa de engullir todo aquello que ven. Su existencia es vital porque, por ejemplo, pueden comerse las bacterias de una infección”, apunta. 

    Los macrófagos son células que patrullan el organismo realizando una labor de limpieza y también suministran información a otras células. “Si se encuentran con un entorno donde hay una herida o una quemadura liberan señales que atraen a otras células del sistema inmunitario para proteger esa zona o producir anticuerpos”, subraya Enríquez.

    Sin embargo, cuando un macrófago se encuentra en una situación de estrés, modifica su estado natural, que los científicos llaman antiinflamatorio, y pasa a una fase proinflamatoria. “Este cambio de estado sucede también cuando hay exceso de alimentación o sobrecarga de grasa en la sangre. Y lo que hacen es avisar al resto de células de que existe una abundancia y que por lo tanto conviene almacenar. Transmiten el mensaje al tejido adiposo y al hígado para que el metabolismo aproveche el exceso de comida. En este sentido lo hacen por nuestro propio bien, pero si comemos de manera crónica se produce una situación de estrés continuo y pasa a un estado proinflamatorio. La grasa acaba aumentando demasiado y se producen, además, daños al resto de los tejidos, apareciendo otras enfermedades”, explica. 

    La investigación realizada junto a  la Universidad de California, ha descubierto cómo una proteína, llamada Fgr, interviene en ese cambio de fase. “Cuando nosotros quitamos esta proteína, los macrófagos se quedan en fase antiinflamatoria y en lugar de almacenar la grasa, el hígado lo que hace es eliminarla a través de la orina”, sostiene el científico.

    Los autores del artículo creen que si son capaces de regular estas proteínas que aparecen durante el cambio de estado podría evitarse que el organismo acumule grasa. “Sería posible ayudar a la gente que tiene más dificultades para perder peso porque el cuerpo en lugar de seguir almacenando la grasa la eliminaría por medio de la orina. Además, si pudiésemos disminuir la función de esta proteína durante un tratamiento, también se puede prevenir no solo la obesidad sino las enfermedades asociadas como las cardíacas, accidentes cerebrovasculares o el cáncer”, concluye Enríquez.

  • Incontinencia urinaria a partir de los 65

    Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), la incontinencia urinaria (UI) afecta alrededor de un 20-25% a los adultos mayores de más de 65 años. Y solo un tercio de los incontinentes consulta con su médico por este problema. 

    La incontinencia urinaria consiste en la pérdida involuntaria de orina. El afectado tiene una necesidad imperiosa y repentina de orinar, pero es incapaz de retener la orina. Los escapes pueden producirse al estornudar, reír, realizar algún esfuerzo o ejercicio físico. Supone un problema higiénico, social y psíquico, ya que influye en la actividad cotidiana del paciente y reduce su calidad de vida.

    No es una enfermedad en sí misma, sino la consecuencia de una alteración en la fase de llenado vesical que se presenta en numerosas patologías. 

    “La IU forma parte y es uno de los denominados ‘grandes síndromes geriátricos’. Es causa y origen de incapacidad física, psíquicosocial, y además provoca un importante deterioro en la calidad de vida del anciano”, afirma la sociedad científica, al mismo tiempo que celebra que tiene tratamiento y es posible recuperar el grado de continencia urinaria en un 30-40 % de pacientes, disminuyendo la severidad del mismo en torno al 40-50 % de los casos.

    Nieves Fernández Letamendi, geriatra del Hospital Quirónsalud Zaragoza, llama la atención sobre ese tercio de pacientes que no comenta nada al médico, porque siente vergüenza al presentar ‘escapes’ de orina. “También hay mayores que creen que no tiene tratamiento, y piensan que es algo normal e inevitable dada la edad o, en el caso de las mujeres, consideran además que es inherente a los partos”, afirma.

    La incontinencia urinaria impacta en la calidad de vida de los pacientes, “a nivel físico es la responsable de un mayor número de caídas (al correr o levantarse a orinar por la noche), de infecciones urinarias, o de mayor riesgo de úlceras por decúbito y sobreinfección de las mismas, además de ocasionar una restricción en las actividades físicas”, señala Letamendi. 

    A nivel psicológico,“ la IU puede ocasionar pérdida de autoestima, ansiedad, estrés, así como depresión en el paciente mayor de 65 años; mientras que, a nivel social, puede favorecer el aislamiento, limitando sus relaciones sociales”, resalta la geriatra. 

    Cuanto mayor sea la incapacidad física o psíquica, más aumenta este trastorno. En estos casos, al fallo en el control de la micción se unen muchas causas de incontinencia: los cambios fisiológicos, y el deterioro neurológico y del sistema nervioso central.

    Para poder determinar que el paciente padece incontinencia urinaria, la geriatra sostiene que, en primer lugar, es necesario realizar una valoración geriátrica integral, que permitirá orientar el tipo de incontinencia que se presenta y las posibles causas. “Tras ella, se planteará un tratamiento de forma integral e individualizada, combinando diversas opciones terapéuticas. Los objetivos a conseguir serán, mejorar la calidad de vida y, si fuera posible, recuperar la continencia”, explica la especialista. 

    Sin embargo, existen algunas medidas que pueden ayudar a retrasar la aparición de la incontinencia de orina, así como a prevenirla. Algunos de los consejos a tener en cuenta son:

    • Seguir una dieta equilibrada. Evitar el sobrepeso y la obesidad, de esta forma se reducirá la presión intraabdominal.
    • Reducir el consumo de bebidas como el café, los refrescos y bebidas carbonatadas, el alcohol y los cítricos, entre otros.
    • Evitar las comidas picantes.
    • Aumentar el consumo de fibra para evitar el estreñimiento.
    • Reducir el consumo de productos y medicamentos diuréticos, porque así se tendrán menos ganas de orinar.
    • Evitar beber entre cuatro y dos horas antes de irse a dormir.
    • No empujar al orinar. De esta manera evitará que se dañen los músculos del suelo pélvico.
    • No ingerir bebidas antes de realizar ejercicio físico.
  • El 90% de los países ha interrumpido sus servicios sanitarios esenciales con la pandemia

    Una encuesta mundial realizada por la Organización Mundial de la Salud, indicó que el 90% de los países han interrumpido algunos de sus servicios sanitarios esenciales desde el inicio de la pandemia por COVID-19.

    El estudio publicado refleja el impacto de COVID-19 en los sistemas de salud del mundo, basándose en los informes de 105 países de todas las regiones, exceptuando América. 

    Los datos han sido recogidos entre marzo y junio de 2020. Estos lograron mostrar que casi el 90% de los estados han experimentado una interrupción en sus servicios de salud, suspendiendo servicios rutinarios y optativos. En los servicios de cuidados críticos, como detección y tratamiento de cáncer o VIH, se produjeron interrupciones de alto riesgo en los estados que poseen ingresos bajos o medios. 

    Las áreas más afectadas han sido el diagnóstico y tratamiento de enfermedades no transmisibles (69 %), planificación familiar y anticoncepción (68 %), tratamiento de trastornos de salud mental (61 %), diagnóstico y tratamiento de cáncer (55 %), diagnóstico y tratamiento del paludismo (46 %), detección y tratamiento de casos de tuberculosis (42 %) y tratamiento antirretroviral (32 %).

    “La encuesta arroja luz sobre las grietas de nuestros sistemas de salud, pero también sirve para establecer nuevas estrategias sobre la prestación de asistencia sanitaria durante la pandemia y después de ella”, afirmó Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. “Debemos prepararnos mejor para las emergencias pero también seguir invirtiendo en sistemas que respondan plenamente a las necesidades de las personas a lo largo de toda la vida”.

    Desde la OMS señalaron los efectos perjudiciales para la salud de la población a corto, medio y largo plazo que provoca la interrupción de muchos de sus servicios. Principalmente los servicios de las salas de urgencia que se dieron en el 22% de los de los países, las transfusiones de sangre urgentes se interrumpieron en el 23 %, y la cirugía de urgencia se vio afectada en el 19 %.  El 76% de los países comunicaron reducciones en la asistencia a los pacientes ambulatorios debido a la menor demanda y a otros factores, como los cierres y las dificultades financieras, la redistribución de personal para prestar servicios de socorro en relación con la COVID-19, la falta de disponibilidad de servicios debido a los cierres y las interrupciones en el suministro de equipo médico y productos de salud.

    Muchos países han comenzado a aplicar algunas de las estrategias recomendadas por la organización para mitigar las interrupciones de los servicios, como el triaje para determinar las prioridades, el paso a las consultas online de los pacientes, los cambios en las prácticas de prescripción y en la cadena de suministro y las estrategias de información sobre salud pública.